Primer Ascenso a la Pared Sur del Morado

Primer Intento:

Es domingo 19 de febrero y estamos por llegar a la Laguna del Morado. Salimos ayer en un camión de la A.S.A.E. y hemos dormido en Lo Valdés; desde temprano nos estamos internando por el Cajón de Morales. Marchamos en silencio y levantando la vista, a cada instante miramos la Pared, la que a medida que nos acercamos, se levanta más. Sólo Jorge cambia algunas palabras con el arriero.

El circo que forman, elevándose sobre la Laguna del Morado, el San Francisco con su impresionante ventisquero colgante y las paredes Oeste y Sur de la cumbre Sur del Morado es uno de los espectáculos más hermosos de la Cordillera Central. El ventisquero del San Francisco parece mantenerse allí sólo por amor propio y se aferra desesperado a la pendiente, solo en contadas ocasiones ha sido ascendido.

La cumbre sur del Morado se levanta orgullosa en sus 5000 mts, su Pared Sur nada acepta, ni nieve, ni hielo; de este último sólo se perciben algunas pequeñas chorreaduras, como claro símbolo de su reinado en la alta montaña. Es casi vertical, su pendiente 80° de promedio, su altura unos 800 mts, afortunadamente presenta algunas fallas lo que permite imaginar rutas.

Morado

Hasta el sol la respeta y solo la toca algunos minutos al ocultarse, como queriendo destacarla con la rojiza luz del atardecer. Aparentamos despreocupación pero la verdad es que vacilamos. Durante mucho tiempo hemos deseado escalar una pared, una verdadera pared. Una pared de unos 1000 mts, más o menos, lo más vertical posible pero que presente posibilidades de éxito.

La Pared Sur de la cumbre sur del Morado es nuestro objetivo; la hemos elegido cuidadosamente, es un símbolo. Tenemos entendido que no se ha hecho ningún intento serio por subirla.

Una gran falla corre a lo largo de ella, naciendo en la parte superior central, baja vertical unos 500 mts, curvándose luego suavemente hasta terminar en un pequeño acarreo en su extremo inferior Oeste.

Esta falla sería el eje central de nuestra ruta; al acarreo nos llevaría un espolón que no parecía presentar dificultades.

El grupo lo formamos Jorge Palacios, socio del Andeski, de reciente actividad en alta montaña donde ha demostrado sobresalientes condiciones y amigo excepcional, César Vásquez, del Club Mañke, el menor en edad y tamaño, más conocido como el Chico Vásquez, de largo historial andinístico y extraordinario escalador y camarada, ambos decididos y alegres, el tercero soy yo, Juan Tangol, también socio del Andeski y con unas cuantas ascensiones en alta montaña.

El equipo abulta y pesa mucho más de lo que deseamos, pese a que hemos eliminado mucho de la lista original. Personalmente sólo llevamos la ropa indispensable y un saco de dormir cada uno; instalaremos una carpa grande al pie de la pared y una tela impermeable nos permitirá vivaquear en otros sitios.

Panoramica

La cocina la componen dos ollas chicas, un pequeño Primus y un quemador a alcohol más pequeño aún; el combustible es imposible reducirlo.

Las provisiones han sido cuidadosamente calculadas, concentradas y reducidas al mínimo. Pese a las críticas, insisto en cargar un par de tarros que nos permitirán por lo menos hacer una comida sólida. El material de escalada tiene prioridad, un martillo cada uno, dos de roca y un martillo-piolet, clavos para hielo, pocos, clavos para roca, muchos, largos, cortos, gruesos, finos y extraplanos, especialmente de estos últimos, también cuñas de madera, en total más de 50 clavos.

No creemos usarlos todos, pero queremos tener el clavo preciso cuando lo necesitemos. Mosquetones, dos docenas. Tres cuerdas, una de ataque, 50 mts nuevos en perlón, una rapelera, 80 mts de manila recién comprada (Jorge recorrió todo Santiago para elegir la mejor y fue revisada cuidadosamente centímetro a centímetro), y una cuerda auxiliar de unos 80 mts. Gran parte de este material fue facilitado gentilmente por la Federación.

Pared Sur

Nuestros fondos sólo nos permiten contratar dos mulas, una de carga para alivio de nuestras espaldas y una de silla que ocupamos por turno.

Casi sin darnos cuenta estamos en la Laguna del Morado. Aquí encontramos a Boris Kraizel que había salido el día anterior junto con Milenko Karaciolo y Andrés Gardella, los tres del Andeski, para intentar el Mirador del Morado y nos instalarían el primer campamento; una herida en el pie, sin importancia pero dolorosa, lo obliga a devolverse, aprovecha las mulas que vuelven vacías y refuerza nuestras provisiones con algunas pastillas, cigarrillos y una botellita de agua ardiente, ésta muy bien recibida, y nos despide con palabras de aliento.

Continuamos por el fondo del Cajón y doblando a la derecha subimos por una quebradita que nace directamente al pie del Mirador, las mulas nos dejan a unos 50 mts de un notorio manchón de nieve

Pensamos acampar un poco más arriba, pero la hora y el cansancio nos hacen preparar almuerzo allí mismo. Alrededor de las 4:30 reiniciamos la marcha y estamos en el planchón cuando nos topamos con Milenko y Gardella. Las numerosas grietas del ventisquero los retardaron mucho y tuvieron que volver sin llegar a la cumbre. Al igual que Boris dan vuelta sus bolsillos para aumentar nuestras provisiones. Diez minutos más tarde llegamos al campamento que ellos nos han instalado. Preparamos las cosas para la noche y ordenamos, repartirnos definitivamente las cargas. Aunque nos acostamos temprano nos dormimos tarde.

Pasó la noche, salimos tarde y bordeando el Mirador del Morado cruzamos el ventisquero y subimos al plateau que forma la morrena al pie de la Pared, en la parte superior del ventisquero. Cerca de las 5 instalamos el que sería el campamento definitivo. De acuerdo con lo planeado descansamos allí todo el martes, sólo en la tarde Jorge y César suben hasta el pequeño acarreo que marca el comienzo de la ruta elegida y dejan allí las cuerdas y el material de escalada.

Suben un poco más para estudiar el terreno, los obsérvo desde la carpa y me extraña la rapidez con que avanzan, en poco más de una hora han subido unos 300 mts. La exploración fue prometedora, no es excesivamente difícil y las proporciones mucho menores de lo que se aprecia a primera vista. Nuevamente esta noche nos costó conciliar el sueño.

Morado

Son las 8 de la mañana del miércoles 21 de febrero. Junto a la carpa desenrollamos la cuerda y nos atamos, la pared está cercana, sólo nos separan de ella unas cortas pendientes de nieve y hielo. En minutos pisamos la roca, una pequeña cascada nos proporciona agua y cargamos cuatro litros.

Un pequeño espolón que separa la Pared Oeste de la Pared Sur nos lleva hasta unas grandes lajas por las que rápidamente llegamos al acarreo alcanzado el día anterior.

Descansamos fumando un cigarrillo y recogemos el material depositado allí, una travesía de unos 50 mts a la derecha nos lleva a la gran falla que corre a lo largo de la pared y que será nuestra ruta. Siguiendo el borde derecho de esta falla, la que en trechos es canaleta, otros chimenea y otros simple pared, avanzamos unos 200 mts en rocas fáciles y casi sin dificultades, llegando a una placa de unos 40 mts, que en su mitad presenta un balconcito que permite ser alcanzado con cierta facilidad y, aunque pequeño, permite que nos reunamos los tres.

Han pasado cuatro horas desde que dejamos la carpa y escalamos en un estado de exaltación. Durante mucho tiempo hemos soñado con esto y ahora lo gozamos al máximo. Vásquez puntea la cordada, el trabajo en equipo es perfecto.

En este sitio empiezan las dificultades serias. En la mitad superior de esta placa solo existe una leve fisura que la atraviesa en forma ascendente, con escasos y pequeños apoyos.

"Una delicada maniobra de adherencia lleva a Vásquez a unas rocas de color amarillo verdoso que forman un diedro con la placa; las cruza por un pequeño balcón hacia la derecha y las domina subiendo por una cuchilla. El terreno cambia fundamentalmente, roca descompuesta y pendiente totalmente vertical"

Panoramica

Lo sigo, no podemos reunirnos y debo subir un par de metros más para encontrar donde detenerme, Jorge sube a su vez y se instala un poco a la derecha. Cambiamos el orden y subo todo el largo de la cuerda. Sólo encuentro apoyo en una roca inclinada, en la que me siento a medias y apoyo el pie izquierdo, la pierna derecha queda colgando. No hay ninguna posibilidad de colocar clavos ni tampoco de asegurar en forma efectiva. Jorge se encuentra en peores condiciones. Este terreno, muy expuesto y con tramos bastante difíciles, termina en una chimenea obstruida por un tapón de rocas y tierra sobre el cual, a unos 3 mts, se juntan las paredes formando una pequeña cuevita.

Vásquez sube hasta mi lado y continúa en dirección a la cuevita. La llegada a ella por una angosta cornisa inclinada es especialmente difícil, hago subir un poco a Jorge y subo tras el Chico, con las manos agarrotadas por el frío y gracias a su ayuda llego a la cuevita. Jorge me sigue, a los tres nos pareció que no la íbamos a lograr.

Ya son las dos de la tarde y como el último tramo nos ha costado casi dos horas, el descanso se impone. A las tres reiniciamos la escalada, salimos hacia la derecha por una terraza que rodeando el espolón, se proyecta en dirección al Mirador del Morado, es mucho más amplia que la cuevita y está bañada por el sol. Nos tendemos en ella y tratamos de aprovechar ese calor. Por desgracia el lugar es bombardeado por piedras, sitio poco saludable, por lo que resolvemos continuar.

Morado

Unos veinte metros de roca firme y fácil nos llevan hasta la pared que a simple vista nos parece no presentar problema, ilusión...

Era la clave de la ruta, tramos que se veían tendidos, al llegar a ellos se levantan y en algunos tramos llegan a sobre pendiente, grandes apoyos que parecían cómodos, disminuyen su tamaño y se redondean al tomarlos, otras veces al llegar a ellos solo son manchas en las roca.

El "Chico" prueba en tres partes, yo pruebo en otra. No pasamos. En el cuarto intento el "Chico" ha logrado elevarse unos tres metros. Sentado sobre una franja de roca descompuesta sujeto su mochila y miro la cumbre del San Francisco, a cuya altura nos encontramos.

De pronto algo me empuja y sin darme cuenta estoy en el aire, un bulto rojo da bote en una roca y desaparece en dirección al ventisquero.

César se ha desprendido y cayo directamente sobre mí, me sacó de los apoyos y ambos caímos. Unos seis metros más abajo me encuentro detenido en un diedro, Jorge ha asegurado firme. Aún tengo la cuerda en mis manos, está tensa y en su extremo, algunos metros más abajo, está el "Chico". Ha sido detenido por una roca que taponaba el diedro.

He perdido la mochila que sujetaba, en ella estaban el saco de dormir y los efectos personales de Vásquez, el quemador a alcohol, material de escalada y provisiones. A primera vista no hay nada roto. Coloco la cuerda auxiliar y bajamos rápidamente hasta la terraza. No podemos contener la risa, nos cuesta dominarnos, es el susto. Fumamos un cigarrillo y examinamos la situación, nos duele, pero hay que abandonar.

Con el apuro he enredado la cuerda auxiliar, habría que subir para desatascarla, pero como bajaremos solo para reemplazar lo perdido la dejamos donde está. Volvemos a la cueva y colocamos el primer rappel, seis se suceden antes de llegar al acarreo y al recuperar el último se traba la cuerda. Sin vacilar la dejamos allí, aprovechando de dejar también todo el material de escalada sobrante, y seguimos hacia la carpa a la que llegamos a las nueve de la noche. Aún está claro, hay mucho que hablar y pese al cansancio nos dormimos tarde.

Despertamos tarde y ninguno tiene deseos de bajar, por último, desarmamos la carpa y junto a todo lo que pueda servir la próxima vez la depositamos entre unas piedras. En el mismo día bajamos a Lo Valdés y regresamos a Santiago...

Segundo Intento:

Han pasado nueve días y nuevamente nos encontramos ante la pared que nos ha detenido. Sólo somos dos, pues Palacios ha terminado sus vacaciones y vuelto a su trabajo.

Es casi la misma hora, tal vez un poco más temprano. Hemos probado en tres sitios diferentes y no logramos pasar. Una expuesta travesía hacia la izquierda nos llevó a un balcón que conduce a una estrecha chimenea, ésta presenta posibilidades pero tiene las paredes cubiertas de hielo.

César Vásquez

Foto: El legendario "Chico" Vásquez.

Es demasiado expuesto y en ese punto hay una caída vertical de más de 200 mts, por lo que decidimos intentarla sólo como último recurso.

En las otras partes sólo logramos avanzar 2 o 3 metros en el mejor de los casos. En el cuarto intento, siguiendo un diedro inclinado, el "Chico" sube unos diez metros ocupando 4 clavos (extremadamente difícil) y supera en adherencia, una placa de unos 15 mts llegando a un balcón descendente que conduce a la parte superior de la chimenea que habíamos rechazado anteriormente.

Desde aquí el terreno mejora notoriamente y parece facilitará el avance, pero son las seis de la tarde y el cansancio del día se hace sentir. Dejamos puestas las cuerdas para mañana y volvemos a la cuevita, cuyo suelo está formado por tierra y rocas sueltas por lo que es fácil ampliarlo y aplanarlo. Pasaremos una buena noche.

Son las 8 de la mañana del 4 de Marzo e iniciamos la subida por las cuerdas colocadas en la víspera, en la chimenea efectivamente está la pasada. Mejora la calidad de la roca y se ven varios caminos a seguir. Subimos por una canaleta directamente sobre la chimenea y por terreno de poca dificultad llegamos a un pequeño túnel que tiene hielo en el fondo pero, como es muy atractivo, lo atravesamos, y con una travesía hacia la derecha cruzamos una canaleta y un filito para continuar, durante dos largos de cuerda, por una pequeña corniza ascendente que nos lleva a un paredón cubierto de hielo cristal, lo que impide intentarlo directamente.

Material

 

César sube hasta el borde y cuelga dos estribos en sendos clavos que coloca entre las rocas que asoman en el hielo, con un tercer estribo enlaza tres carámbanos de hielo y logra cruzar hacia la izquierda una placa de hielo de unos 4 metros. Formando un diedro con esta placa hay una roca lisa y convexa, los apoyos son ínfimos y están cubiertos de arenisca.

En una arriesgada maniobra logra subir, ocupando sólo la punta de los dedos y los bordes de las suelas, pues no hay espacio para más. Lo sigo a mi vez y nos encontramos en el mismo filito que cruzáramos al dejar el túnel.

Sigue un largo de cuerda por roca poco difícil y desembocamos un poco a la derecha de una canaleta que pese a estar totalmente cubierta de hielo, presenta bastantes apoyos, caen muchas piedras y es muy expuesta, es corta, de unos 60 metros. La subimos rápidamente y desembocamos en un pequeño acarreo en forma de embudo. Subimos por él, tomamos por la continuación de la canaleta anterior, un poco más de un largo de cuerda llegando a unas rocas nevadas que rápidamente nos conducen al filo a unos 100 metros de la cumbre...

Habíamos escalado la pared, la cumbre está cercana y un tentador acarreo lleva fácilmente hasta ella. Lo discutimos y nos decidimos a subir por el filo que baja en dirección Sur-Este, que no presenta problemas. A las 11 estamos en la cumbre. No hay comprobantes de las ascensiones anteriores. El panorama es fantástico, no hay viento y brilla el sol, lamentamos la ausencia de Jorge Palacios. A las 12 iniciamos el descenso por la misma ruta de la subida.

Donde es posible bajamos andando, pero los rapeles se suceden uno tras otro, el terreno no nos facilita la tarea pues hay pocas grietas que admitan clavos para colocar la cuerda, sirviendo solo los extraplanos, que a veces apenas entran 2 o 3 centímetros y hay que doblarlos para que se afirmen un poco más.

Estoy sobre el túnel y el "Chico" viene bajando. Noto algo raro en la cuerda y le grito que se detenga, para un poco antes del sitio en que una piedra, que cayó después que había bajado yo, la había cortado y sólo se sostenía por unos pocos hilos de una de las tres hebras. Necesitamos hacer 14 rapeles, de unos 40 metros cada uno, para bajar toda la pared, a la pasada por la cuevita recogemos material de vivac y continuamos bajando sin detenernos. A las seis y media de la tarde llegamos a la carpa, en la base de la pared.

La tensión nerviosa de la jornada, la alegría de un triunfo largo tiempo soñado, nos produce un estado de excitación que no nos permite conciliar fácilmente el sueño y, el andinista es incurable, pasamos la noche haciendo planes para futuras ascensiones.

Domingo: Nos hemos levantado tarde, por lo que rápidamente levantamos el campamento y, pese a lo abultado de las cargas, bajamos sin detenernos hasta Lo Valdés. Esta noche dormiremos en Santiago.

TOPO DE LA RUTA DE LA PARED SUR DEL MORADO: VÍA "VASQUÉZ-TANGOL"

Autor: Don Juan Tangol G.

NDLR: Extraído del Anuario FEACH 1961, y complementado con fotos del archivo del Grupo Perros Alpinos, y de las Revistas Escalando números 28 y 37.

 

"El valor de un alpinista es inversamente proporcional a la cantidad de material que se lleva"

Reinhold Messner.