Actitud frente a las congelaciones

Aunque los casos de congelaciones graves han sido felizmente raros en nuestro medio, no es improbable que la intensificación del deporte de montaña, con proyectos cada vez más ambiciosos, entre los cuales se incluye la práctica invernal de esta actividad, traiga aparejada una incidencia mayor de este grave accidente.

Es conveniente antes que nada señalar que las buenas condiciones de vitalidad de cualquier tejido, están vinculadas fundamentalmente a un riego sanguíneo adecuado, que lleva hasta él, el aporte nutritivo y retiran los productos de desecho de su actividad. Por otra parte, si bien la falta de material energético es soportable por parte de las células por algún tiempo, ya que cuenta con altas reservas, la falta de oxígeno repercute rápidamente sobre el metabolismo celular y a las primeras alteraciones de la función, siguen los daños estructurales irreversibles, que llevan a la muerte celular.

Teniendo presente estos hechos, es fácil comprender por cuales mecanismos llegan las bajas temperaturas, bajo cero desde luego, a provocar la congelación de los tejidos expuestos a su acción. La reacción normal del organismo frente a la baja temperatura es evitar la pérdida de calor del cuerpo que escapa en gran porcentaje por la irradiación. El mecanismo termorregulador empleado con ese objeto es la vasoconstricción que en condiciones normales alcanza solamente a los vasos cutáneos, pero cuando la injuria del frío alcanza estructuras más profundas, este mecanismo regulador, al provocar el espasmo de arteriolas y arterias, se convierte en un proceso normal, patológico, que disminuye el riego circulatorio a los tejidos, con las consecuencias ya señaladas.

Esta falta de riego circulatorio se hace sentir, por otra parte, sobre las propias paredes arteriales y de una manifestación puramente funcional como es el espasmo vascular, pasamos a la obliteración arterial, a la trombosis, si este espasmo se mantiene por algunas horas, el territorio afectado en este caso está fatalmente condenado.

Los tejidos sometidos a la falta de riesgo circulatorio, evidencian este trastorno por la palidez, cianosis, insensibilidad y enfriamiento local. Cuando esta situación se mantiene el suficiente tiempo para provocar un cierto daño celular, al recalentar el miembro en forma imprudente ocurre intensa vasodilatación, sensación de hiperpursatilidad dolorosa.

Los vasos capilares, dañados por la anoxia prolongada, dejan escapar plasma a los espacios intercelulares, lo cual provoca un aumento del volumen del territorio comprometido (edema), acumulación de plasmas subcutáneo que provoca la formación de bulas y flictenas (ampollas). Si a ésta se agrega infección secundaria que es lo frecuente, tenemos el paso de una gangrena seca a una húmeda, que no sólo va a determinar la pérdida del territorio afectado, sino que tiende a progresar y a extenderse comprometiendo en tal forma el estado del individuo afectado, que no son raros los casos en que se produce un desenlace fatal.

Frente a lo señalado, ¿Podemos asegurar que la baja temperatura es la única causante de este serio accidente?.Indudablemente que no. La experiencia personal de cualquier andinista afirma esta negación. Hay otros factores de tipo climatérico y los más importantes personales, que contribuyen poderosamente a la génesis de este grave accidente.

Entre los factores climatéricos, el más importante es el frío, como es obvio. Un elemento coadyuvante es la altura por la anoxia que crea, que hace a los tejidos más susceptibles a la acción del tiempo. Al respecto, podemos señalar que las congelaciones producidas en alturas inferiores a los 1.500m., son por lo general menos severas. Otro factor climatérico digno de consideración es el mal tiempo que obliga a un desgaste mayor de energías, al trabo en difíciles condiciones y a una pérdida por irradiación mucho mayores debido al viento que intensifica los efectos de la temperatura ambiente.

Los factores personales, de la mayor importancia, son los siguientes: el agotamiento físico, subalimentación, deshidratación que facilita las trombosis basculares, el calzado ajustado que impide la circulación en buenas condiciones, el uso de correas de los grampones muy apretadas y el uso de ropa que no protege contra el frío (ropas mal confeccionadas, de calidad deficiente o mojadas).

La importancia de estos factores es tal, que podemos asegurar que el andinista que evite hasta donde le sea posible cualquiera de estas situaciones está en condiciones ventajosas para soportar bajas temperaturas. Existen algunas experiencias con el empleo de sustancias vasodilatadoras, sea empleándolas localmente en forma de ungüentos; otros han experimentado con vitaminas tales como la rutina ácido nicotínico y con una hormona vasodilatadora kallikreina, que evitaría el espasmo vascular, primer eslabón del problema que tratamos. Sin embargo, estas experiencias son discutibles, puesto que asociados al empleo de estas drogas, se han observado cuidadosamente las precauciones arriba señaladas, las cuales nos parece deben ser los pilares sobre los que debe descansar cada pretensión seria de evitar este grave accidente. El mejor tratamiento de las congelaciones es su prevención. En todo caso nos parece conveniente señalar las medidas que están al alcance de cualquier andinista en caso de producirse congelamiento.

Apenas advertidos los primeros signos y siempre que no hayan producido edemas ni flictenas, proceder a un suave masaje, si es posible empleando una pomada vaselinada. Mantener la zona afectada mientras esté fría a una temperatura ambiente, que en ningún caso debe pasar de los 39 a 40 grados. Cuando la zona afectada recobra su temperatura normal, dejar a temperatura normal en local cerrado. Mientras se realizan las otras maniobras, se debe calentar el tronco del paciente, dar infusiones calientes. Desde luego, se deben evitar los movimientos activos, en particular la marcha, si el compromiso es de las extremidades inferiores. En caso de haber lesiones (bulas abiertas, ulceraciones), se debe proceder a una asepsia cuidadosa de las lesiones y aplicación de ungüento dérmico de antibiótico.

Tan importante como esto nos parece señalar lo que no se debe hacer en caso de congelaciones: las fricciones enérgicasque contribuyen a mortificar tejidos desde ya dañados. Nada de flagelaciones o golpes, por el mismo motivo, y porque pueden provocar lesiones superficiales que son puerta de entrada para la infección secundaria. Nada de vendajes compresivos, que dificultan aún más una circulación gravemente comprometida. Ni enfriamientos locales (masajes con nieve) que agravan más el cuadro, ni calentamientos exagerados, que determinan una vasodilatación brutal, en nada beneficiosa y que provoca gran edema. Supresión estricta de tabaco y alcohol.

Autor: Dr: Avaro Yañez

NDLR: Extraído del Anuario de Montaña FEACH 1959.

 

"En los momentos en que me siento absorvido por este mundo, y sin necesidad de recurrir a ningún Dios, se distinguir lo que es bueno, y lo que es bello"

Reinhold Messner.